viernes, 10 de enero de 2014

Ya no desespera quién espera.

Esta vida intentó enseñarme el arte de esperar,
Con lecciones duras, busqué mil formas para escapar,
Siempre en conflicto con el humor del tiempo,
Siempre acelerando el paso, siempre ciego, siempre terco.
¿Quién cuenta los granos de un reloj cuando lo que cae no es arena sino sal?

Y me encuentro hoy a contraluz con la figura de mi paz,
terreno de calma, la tregua de mis conflictos,
El fuego, el mar, la luz, el aire, la arena,
una noche joven, una tarde anciana,
una delicia, una mirada que hasta se olvida a veces de mirar.
Mi devoción perdida, mi religión escondida.

Repentinamente esperar dejó de pesar para este apresurado,
los paseos dejaron de ser  largos y perdí la noción del espacio,
Extrañar es parte de mi rutina, aficionado a la disciplina de aguardar su visita.
A la vez ansioso y calmado, sin entender como me enseñó este truco extraño.
¿Quién deja de contar los granos del reloj ahora que lo que cae no es arena sino paz?


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