La
muerte no me seduce como debería seducir a alguien con mi paranoia.
Entonces temo dejar muchas cosas sin terminar, entre ellas, mi recuerdo.
No puedo sucumbir ante la ironía de la última barrera sin antes decir lo que pienso y eso que pienso que aún debo cambiar de parecer algunas veces más.
No me animo a marcharme del mundo que inconscientemente percibo y me vuelve consciente de que no lo quiero abandonar, que aún hay mucho por dar.
Me vuelvo un niño cuando la ansiedad se pone al mando de mi mundo y me reprocha sin disimulo que vengo a los palos en esta vida. La muy puta no se olvida de hacerme dudar y pierdo el sentido de lo real.
Temo en fin a cada minuto de agonía simulada en los que se inunda a veces mi almohada por no saber enfrentar mis temores que son latentes, cobardes como todo temor, punzantes a nivel muscular, desesperantes, asfixiantes, desconcertantes y que me vuelven mi propio rival.
Temo muerte no poder olvidarte, tenerte presente regularmente.
La versión completa de mis temores queda a la vera de mi propio temer.
Temo (hoy lo entiendo) a la fe por no saber comprenderla, por jamás poder tenerla, por que reclama atención.
Temo a la falta de ejercicio como si la vida se hubiese consumido.
Temo ser culpable.
Temo que mi familia no sepa cuánto los amo.
Temo que mis amigos me pierdan de sus filas.
Temo que mis sueños pierdan su guía.
Temo no volver a mirarte.
TN
Entonces temo dejar muchas cosas sin terminar, entre ellas, mi recuerdo.
No puedo sucumbir ante la ironía de la última barrera sin antes decir lo que pienso y eso que pienso que aún debo cambiar de parecer algunas veces más.
No me animo a marcharme del mundo que inconscientemente percibo y me vuelve consciente de que no lo quiero abandonar, que aún hay mucho por dar.
Me vuelvo un niño cuando la ansiedad se pone al mando de mi mundo y me reprocha sin disimulo que vengo a los palos en esta vida. La muy puta no se olvida de hacerme dudar y pierdo el sentido de lo real.
Temo en fin a cada minuto de agonía simulada en los que se inunda a veces mi almohada por no saber enfrentar mis temores que son latentes, cobardes como todo temor, punzantes a nivel muscular, desesperantes, asfixiantes, desconcertantes y que me vuelven mi propio rival.
Temo muerte no poder olvidarte, tenerte presente regularmente.
La versión completa de mis temores queda a la vera de mi propio temer.
Temo (hoy lo entiendo) a la fe por no saber comprenderla, por jamás poder tenerla, por que reclama atención.
Temo a la falta de ejercicio como si la vida se hubiese consumido.
Temo ser culpable.
Temo que mi familia no sepa cuánto los amo.
Temo que mis amigos me pierdan de sus filas.
Temo que mis sueños pierdan su guía.
Temo no volver a mirarte.
TN
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